~Pensadores~

martes, 18 de agosto de 2015

# 16

#16




Todo encajaba como la sal en el mar en esa tarde tan tranquila. Encajaba como los pájaros en el cielo,
como las piedras en el camino.
La felicidad encajaba por fin  conmigo.
A pesar de los golpes, de los peligros, de los miedos
 era feliz con cada uno de los defectos de mi alma;
con mi insoportable levedad en lo infinito
 y mi naturaleza tan rara;
 con mi filosofía de lo inexplicable un tanto caótica. 
Pero allí estaba.
Siendo feliz
  escuchando cómo el sol se despedía de mi
 mientras sus rayitos escribían en el cielo,
 a modo de ejemplo,
 que le escribiese un poema,
y le narrase mi vida en un verso,
 que le cantara en una nota...
Tanto tiempo tardé en comprender que
  ese único trazo en el cielo era una metáfora de mi vida:
sólo tenía una para vivirla.
Y una sola línea para brillar y escribirla.