~Pensadores~

domingo, 26 de abril de 2015

Su belleza me traicionó.

Su belleza me traicionó.
Su cripta se está iluminando...
Van resurgiendo poco a poco...
tiritando con la primera brisa de mayo
el sendero van coloreando ...

Primavera pronuncia suavemente cada nombre:
para despertarlas
y guardarlas en el corazón del hombre...
Tímidamente empiezan a desperezarse,
pero siguen soñando con los cuentos
que les regala el viento…

Van despertando, se convierten en faros
deslumbrando con su belleza hasta
el recoveco mas oscuro de la Tierra...
Ninguna faltará a la ceremonia de la vida
saben que tienen que atenuar la coraza de quien puso la semilla.
En la fiesta Primavera tocará la lira
y el viento moverá sus faldas
amontonadas en la lejanía...

Sus pequeñas vocecillas me llaman,
mis manos tiritan…
me acerco como hipnotizado a ellas
mi corazón late más deprisa.
Entre algodones intento guardar pétalos
pues en ellos se escribe la historia del deseo.

Siguen reunidas,
ahora esperan a que Lluvia les limpie las espinas
pues intenté enamorarlas para que dejaran sobrevolar su falda
para que sobre mis ojos su mirada se posara.

Han acabado conmigo, su belleza me ha matado
su baile ha hecho de mi un loco desquiciado.
¿Cómo su vida me ha matado?
¡Cómo si mis lágrimas sus fortalezas han mojado!

Me cristalizo ante su grandeza...
Sus tallos asaltan mi corazón;
entre mis costillas se enredan
y mis manos atadas en su fortaleza:
quedarán atrapando, entre metáforas, su belleza.

sábado, 25 de abril de 2015

Todo destino

Todo destino
Allí busco mi lugar con inocencia:
voy en busca de cajas de madera.
Entre páramos habitados de tristeza camino
como aburrido y sin cesar;
entre piedras bailo como huracán
pues morir es mi destino.

Entre tanto intento atisbar las palpitantes
luces con oscuridad entre las sombras venerada.
Intento anotar sus coordenadas en mi memoria
pero la luz del día es su maldita huida
para escapar de las heridas.

Mi voz grita, y agotada clama en la lejanía,
exhausta llora sin vida...
Ya no hay quien me quite la melacolía
¿De qué sirve desear,
si parece que esta no es mi vida?
¿De qué sirve,
si ya me he acostumbrado a la agonía?
¿Dónde estás que tus pasos son transparentes
y tu sombra no me guía?

Vuelvo al viento,
vuelvo a abrazar huracanes
de ideas aterradoras.
Busco las olas, para que la marea se calme
haciendo desaparecer a mordiscos mi carne.
Atrapo las balas entre cientos de miradas,
las saco del cieno de mi alma
y las coloco en lo más abrupto del pedregal
con la mirada.

Con toda la inocencia del mundo ya no busco,
ella me ha encontrado primero
y ahora solo siento cómo me encierran,
cómo estas cuatro maderas me evaporan,
me convierten en polvo.

En calcinada amapola.

Volverían por ti.

Tus sentimientos están a flor de piel,
te has enamorado de alguna banda sonora
en el palpitar de un corazón...
Tus inocentes ojos empiezan a desperezarse,
intentan encontrar algún  lugar de huida
para esconderse de tus trémulos labios.
De ti misma...
De tu pasión por morir en cada verso, de plasmarlo
aunque se te vaya la vida en ello
buscando entre los escombros de la batalla
la respuesta a tu existencia.

Pero lo que no sabes es que cada estrella
moriría
por reflejarse en tus ojos,
sin embargo... tan solo buscas
alguna flor que te de respiración,
que te haga sentir viva
y te quite el peso de los hombros.

Cada pétalo reviviría para que vuelvas
a rozarlo con la punta de tus dedos
para estremecerse entre
tus metáforas y calmar su sed
de palabras...

Cada beso daría la vida por ser nuestro
por impregnar los labios de pasión
por cantarle al viento
que intentar escapar no sirve de nada
por borrar tus cicatrices
y plasmar guerras en el papel
y no en tu piel.

Lo que no sabes es que cuando ames
nada de lo que hagas será suficiente...
Ni los besos, ni las flores.
Ni las estrellas:
el Universo invadirá tu pecho, destruirá tus pensamientos
hará que te quedes.
Porque el amor es efímeramente poderoso
Es sobrehumano. Es grandioso.

jueves, 23 de abril de 2015

Sirena


Sirena tu, piel morena,
vestida con los ropajes de la Luna llena.

Me preguntaste por qué volví
entonces las palabras se estancaron
entre mis labios y mi mente
y aunque el amor nos tenía frente a frente
fue entre mis párpados donde te vi.

Al fin mis palabras intrépidas
se aventuraron al abismo
entre mis labios,
olvidado siempre presente.
Resurgirán, creéme
de las raíces de la tierra
en aroma de flores,
en burbujas de peces
que al respirar sienten
la inmensidad de tus llantos
mezclados con las tragedias
de mis poemas,
esos que traen y llevan
un navío
en un océano nuevo
de tus labios perdidos.

Quién pensaría que esos recuerdos
me llevarían a ese mar
inmenso de rocas por costa
y oleaje con música de beso
que me impregna de eso
que dijiste una tarde de invierno:
''Nunca es tarde para ser
lo que debemos hacer,
siendo lo que hacemos''.


Piel morena, palabra inquieta:
las gotas del atardecer
se precipitaron como sangre
de lluvia y de pronto
eran máculas en mi piel
de algodón,
aunque para mis labios la hiel
nunca nos visitaba tarde.
Por entonces, hasta siempre,
enterrada entre las piedras
de tu alma que esconde el coral
adornado con peces como collar.

Tantos eran los recuerdos... caían
se precipitaban de mis párpados
a mis labios formando cascadas
de película en cintas transparentes.
Clak, click, puck, puck. Boom
Una estrella detrás de otra.
Ya teníamos canción
-Boom... bmmm...bmmm-
risas y dolor
sangre y flor
tragedia y verdad
en fin, todo lo que esconde el amor
es tu risa y tu andar,
mi algodón, tu sangre,
nuestra amistad
que hace 365 días no tenía un mañana.
Tan solo un vaivén
de recuerdos que traían
tu voz alegre
arrancada de la niñez.

Esperaremos por siempre,
aunque no existan.
No respiren, no florezcan
tales flores que traerán
la primavera con sus lluvias,
tormentas y arcoiris.
¿Acaso tu perfume a mora?
Aromas
con potencia de terremoto
que me trasladan a esa tortura
que mis huesos
tienen miedo a sentir
si  me vuelves a preguntar
por qué volví.


Fue un golpe de suerte el conocerte
y más fue reconocerte entre la oscuridad del círculo añil
entre mil perlas reflejadas en el mar,
cuando lo único que anhelabas era un cielo donde volar.


BY: KRL

-Últimos días del segundo-
2015

domingo, 12 de abril de 2015

Huyamos, Grecia.

Huyamos, Grecia.

Te veo yacente en un cristal de luna.
Veo tus pestañas desvanecer y tus manos tiritar.
Tan pequeña, tan indefensa;
cobijada por las sabanas de tu melena azabache.
Te escucho tartamudear a cada caricia que amenaza
con derribar tu coraza.
Tus preciosos ojos dudan, huyen, llueven.
Te escondes entre copos de nieve...
¡Oh, condenado sea el día en el que confundí los latidos
de tu corazón con el hermoso cantar de los pájaros!
¡Oh, que desdicha la mía!
¡Ven, amor mío, ven y huyamos juntos de mi!
Veo tus mejillas impregnadas de rubor de rosas,
tus dedos de pianista, tus labios llenos de arte.
Te abrazas al viento y tu aroma trae el recuerdo
de mil primaveras a punto de florecer.
¡Cómo puede tu piel esconder tantas heridas
e inspirarme a escribir vida!
¡Cómo puedes ser tan fría
y aún así provocarme estos deseos ardientes
de plasmar tu figura para siempre en mi memoria!
Dime, cielo mío, ¿qué es lo que tienes
que allá dónde todo es negro, solo veo paraíso?
Contemplo tu cuerpo dejándose llevar por la marea,
te veo exhalar un último suspiro,
la noche te perece, las estrellas caminan por tu ombligo,
te veo a ti
derrotada por Roma.

http://seisinviernos.blogspot.com.es/2015/03/huyamos-de-roma.html

Tú, valentía



Quiero un millón más.
Un millón de pasos a su lado
para que me contagie su alegría
en cada camino abollado de la vida.

Déjame sentir tu perfume a lavanda

y a ternura. Libera la lluvia, 
deja que humedezca tus labios
y abandone la pena cada mayo
ligero apagado por la ausencia de rayos.
Valentía, gracias por enseñarme a levantarme.
y permitir que tu luz me transparente.

Por eso, mamá, déjala marchar,

abandona la pena
que los malos quieren que sientas.
Por eso quiero mil, mil pasos más
para poder sentir tu perfume 
a lavanda, también en abrazos desalados. 

Quiero un millón más.

Un millón de pasos al lado de la Valentía
para que pueda sacarme
de los baches de la vida.

Snow dress // Vestido Helado

En un día que intenta nacer sin luz
el viento austral trae consigo un blanco tul
perloso que brilla en esos árboles
donde sus ramas
se convierten en telarañas
hasta que el sol ilumina
su vestido de telas blancas.

Y ese último vuelo
se convierte ahora en gotas
que se separan de las hojas
difuminando cada vez más este día
que a cada gota es menos blanco
y abandona el parecido
con el azúcar y el talco
pues la función
de un pequeño hada
es derretirla mientras se pregunta curiosa
si de las mismas telas blancas
estaría vestida la Luna.



martes, 7 de abril de 2015

Sirena escarlata // Era a ti, a quien buscaba

Te vi entre sábanas.
ellas, escarlata te abrazaban
como si fuera la última vez 
que tu cuerpo descansaba
como si fueses a desaparecer si te soltaban.
Y en cada tormenta que caía
sobre tu moreno,
diluía tus sueños
enredados en tu pelo.

Yacente encontré tu cuerpo
entre anclado entre piedras
y ligero en el aire.
¿Dónde iba?
¿Al ojo nácar sin pupila?
¿Acaso a esconderte 
en volcanes?

Inútil fue que fueran mil sombras
a buscarte a tu mundo 
y al caos de tu abismo.
Lo único que encontraron
fue tu corazón, casi inerte,
de papel escrito, borrado,
arrugado, quemado 
que tantas veces se reescribió
que no supo cómo leerse, 
cómo dividir las frases entre sus presas
a cada sístole y diástole. 
No supo si respirar o andar. 
Dejó de sentir, dejó de doler.
Había dejado de amar.

No hallé tu alma, 
rompió en tus sueños
voló cerca de los astros
cayó desde muy lejos.
Y tal impacto tuvo 
que se evaporó en cristales de estrellas, 
desbocó en el mar, 
se ahogó en el pedregal 
vestido cada vez más con sábanas escarlata.
Era a ti a quien buscaba
pero, de repente, 
en flash,
ni tu aroma quedaba.

Helios

Siempre me pregunté por qué 
ellos anhelaban abrazarte 
incluso si morían en el intento.

Y siguiendo la guía entre las piedras
siempre conseguían encontrar tus halos
entre pequeñísimas sombras pasajeras.
¡Qué  mas daba cómo lo viera! 
Su reflejo se dirigía hacía la estela
de los pájaros cada cielo de marzo
y reescribían con ausencia de mancha
su rastro bajo sus brazos.

Mientras, caen sus pequeñas extensiones,
en acantilados abruptos,
elevándose sobre las nubes
o deslizándose entre los brillos
que precipitándose sobre ti
terminan desbordando mis pupilas.

Siempre me pregunté qué eras 
o quién eras,
y por qué existías.
Y por qué para abrazarte 
por encima de sus ramas 
había primero, que crearte.

¿Cuándo dejé de contar tus tormentas
en  mis noches de andares?
¿Cuándo dejé de contar lágrimas,
entre ellas yo, 
escondida entre llamas inundadas?
¿Y cuándo dejé mi capa colgada
si aún no había acabado la batalla?
¿Y dónde está ese armario
que guarda el calor que debería tener yo?

Y entre tantas preguntas que me hice
mudé de pensamientos.
Sí, llámame demente
por dejar de ser coherente,
por esa manía de deshacerme entre la gente.

Perdí la orientación cuando 
intentando encontrar tu nombre escondido
empecé a contar virutas de lápiz
en lugar de renglones vacíos.

Me dejé la otra mitad de mi
cuando el silencio estridente
de tus respiraciones casi latentes
se acercó más al olvido
y mi mente estuvo casi apunto
de marcharse permanentemente.

Pero igual bailaré ese baile
incluso si muero en el intento
Lo siento, no tiene remedio.
Flotaré entre sus ramas
aunque la lluvia dificulte mi vuelo
y seré cómplice del delito 
de rozar el cielo.
Estudiaré tus movimientos entre compases
para que si mis pies inundan los mares
sepa hacia donde dirigirme: 
si al abismo que me levanta
o al vuelo que me degrada.














Amor sobre lienzo.

De noche ya no es pero aún está, como esos pájaros en la estación o ese disco favorito suyo que para su alma nunca pasa de moda y une otros tiempos con esta historia.
Se quedaron las tinieblas atrás, entre espuma, espinas, y barro para que pudiéramos deslizarnos entre las pinceladas de un cuadro y manchar a cada beso el pentagrama de otros labios.
Los colores bañando su piel creaban un cuadro nuevo porque empezamos a dibujar mundos aventurados en nuestro reflejo y a pintar símbolos, runas que creíamos que llamarían la atención de los gatos o, (¡qué ilusos!) la propia Luna.

Terminamos por salpicarlo todo poco a poco de huellas, transformándose en faros que contrastaban con el fondo de petróleo de un alma veteada por las llamas, al mismo tiempo que los astros se desvanecían solo en su almohada porque yo aún soñaba con fuegos helados que atravesaban mis huesos como si nada. Su esencia de color a cada espacio marcó el ritmo y la clave de Sol, sellada a fuego, iluminó el umbral de mis recuerdos...

Le dije que no quería flores y me dio respiraciones para espantar los temores.
No le pedí lunas, ni estrellas. Y me regaló un cielo repleto de ellas. Aún más lejos llegó porque empecé a ponerme collares que fabricaban sus respiraciones entrecortadas, y sus palabras se vistieron con mis besos de bufanda. Y mis inspiraciones se deleitaban cuando se veían plasmadas junto al arte que combinaba mundos fríos en un lienzo que comenzó a dibujarse un otoño tardío.

Tras eso, nos convertimos en capitanes de una nave creada por otras manos cuyo  mayor deseo era que la humanidad la tripulara en medio de un lienzo o un pentagrama o en el espacio entre canciones, de esas que curaban corazones, que rozaban almas con la pluma de un ala o el semitono claro del alba, para ser cómplices de algo más que una historia urbana.

Mientras, y a contratiempo, el reloj dejaba caer letras traspapeladas en un vacío recuadro sin que la inundación cesara. Pero, ¿recuerdas? Éramos capitanes y nuestra nave, aquella hoja de otoño, rozó el suelo como bailando un tango, pero no era esa la melodía, sino que la música que se escuchaba era la mía, que salía apresurada de mis poros para que no escuchara el eco de mi vacío, sino el cantar de un día que se iba. Y con él, el otoño y la brisa llegaban a los puertos, secando nuestra imagen sobre el lienzo.

Sin darme cuenta, le di mi corazón en un acorde que con solo la primera sílaba de su nombre hacía de mí una coleccionista de letras, pero en ninguna combinación encontré jamás su risa, su andar o su belleza.

Le intenté describir en un verso. ¡Qué inútil! Estaba sumergida en medio de un mar inmenso lleno de letras que se recombinaban tras cada ola, inundando cada vez más mi  mente y haciendo del lápiz un ser un poco más inerte. Un náufrago en un ligero y aplanado blanco.

Intenté recordarle con la misma intensidad de antes, sabía que para nosotros aún no era tarde.Y cuando le sentí acariciando mis párpados morados y cambiando mi córnea, empecé a ver al mundo avanzar. Mi piel se erizó. Sentí miedo de volar.

jueves, 2 de abril de 2015

Primavera

Hoy he de confesar una cosa,
he de confesar por qué guardé esas rosas.
Todo empezó antes de que llegara ella
y lo invadiera todo con su manto,
sus aromas y de colores
lo inundara todo a su paso.

Nunca se vestía de nácar,
o de huracán, los cielos sin color no le gustaban
y cuando sus ropajes se ensuciaban
no había otra opción que salpicarlos con sus lágrimas.

Sus vestidos ligeros ocupaban cada rincón
llenándolo de color.
Siempre que llegaba traía aroma a pétalos
o cantares nuevos.
Los caminos se dejaban acariciar
por su brisa verde y
los pájaros se deleitaban entre
las ramas ardientes de su pelo rubio
eternamente perenne.

Y todo esto que pasó después de que te fueras
era lo único que tenía para vivir
día a día.
Tus risas no acompañaron más mis andares
por estos inmensos y solitarios lares,
pero guardé sus aromas
y sus lágrimas en un frasco lleno
de violetas, pensamientos, rosas
y claveles para que cuando volvieras
te dieras cuenta de que aquellas almas perdidas
eran siempre la misma:
la tuya, y la mía.

También confesaré que los detalles
son siempre vulgares
porque se convierten en lo más grande
se convierten en su propio arte.
Así que hoy he de confesar
que por fin me di cuenta
de que esta es mi manera de amarte:
guardando las primaveras en frascos
para que con su llanto puedas perfumarte.