~Pensadores~

martes, 7 de abril de 2015

Helios

Siempre me pregunté por qué 
ellos anhelaban abrazarte 
incluso si morían en el intento.

Y siguiendo la guía entre las piedras
siempre conseguían encontrar tus halos
entre pequeñísimas sombras pasajeras.
¡Qué  mas daba cómo lo viera! 
Su reflejo se dirigía hacía la estela
de los pájaros cada cielo de marzo
y reescribían con ausencia de mancha
su rastro bajo sus brazos.

Mientras, caen sus pequeñas extensiones,
en acantilados abruptos,
elevándose sobre las nubes
o deslizándose entre los brillos
que precipitándose sobre ti
terminan desbordando mis pupilas.

Siempre me pregunté qué eras 
o quién eras,
y por qué existías.
Y por qué para abrazarte 
por encima de sus ramas 
había primero, que crearte.

¿Cuándo dejé de contar tus tormentas
en  mis noches de andares?
¿Cuándo dejé de contar lágrimas,
entre ellas yo, 
escondida entre llamas inundadas?
¿Y cuándo dejé mi capa colgada
si aún no había acabado la batalla?
¿Y dónde está ese armario
que guarda el calor que debería tener yo?

Y entre tantas preguntas que me hice
mudé de pensamientos.
Sí, llámame demente
por dejar de ser coherente,
por esa manía de deshacerme entre la gente.

Perdí la orientación cuando 
intentando encontrar tu nombre escondido
empecé a contar virutas de lápiz
en lugar de renglones vacíos.

Me dejé la otra mitad de mi
cuando el silencio estridente
de tus respiraciones casi latentes
se acercó más al olvido
y mi mente estuvo casi apunto
de marcharse permanentemente.

Pero igual bailaré ese baile
incluso si muero en el intento
Lo siento, no tiene remedio.
Flotaré entre sus ramas
aunque la lluvia dificulte mi vuelo
y seré cómplice del delito 
de rozar el cielo.
Estudiaré tus movimientos entre compases
para que si mis pies inundan los mares
sepa hacia donde dirigirme: 
si al abismo que me levanta
o al vuelo que me degrada.














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